sábado, 15 de septiembre de 2018

Pinceladas - Kensei: Yumi Ashigaru

Ute!!!

Muy buenas. En estos momentos estaré seguramente disfrutando de las Freak Wars 2018. Pero para los que no puedan dejo por aquí las cinco miniaturas que pinté al final en lugar de la unidad de Onna a caballo. Fue un cambio por adaptar mejor la lista a lo que tenía en mente. No tardé mucho en acabar las minis.



También os deja foto de la unidad de Yumi Ashigaru al completo.


Tengo intención de terminar la unidad de caballería que la tenía bastante avanzada. Además, también quiero pintar el Héroe Kuge con Yumi.

La próxima semana iré mostrando lo que me llegó de los Wako, que ya los tengo aquí!

Un saludo a todos.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Trasfondo - Kensei :Camino a Îdo

Previo a la Batalla de las Freaks Wars 2018

Muy buenas. Siguiente entrada de trasfondo del Clan Satomi. Debido a las inminentes jornadas de las Freak Wars del próximo sábado 15 y domingo 16, donde varios llevaremos nuestros ejércitos de Kensei pintadicos, escribí este relato para ambientar la batalla que allí se dará lugar.

Ante todo, esta parte de mi trasfondo personal da un salto en el tiempo con relación al último trozo que colgué. Pero esa parte no quedará incompleta y al final enlazará con lo que aquí os mostraré. Los sucesos entre medias están escritos desde hace mucho, pero entre que estoy cambiando el estilo de escritura y dotando a la historia de mucha más profundidad, además de cambiar alguna que otra cosa, voy un poco más lento de lo que me gustaría.

Aquí os dejo el texto.


El edicto imperial



El día transcurría como cualquier otro. Reiko daba audiencia a los campesinos y señores de clanes vasallos que necesitaban consejo.
Un campesino con ropas amarillentas tenía la palabra. ―Mi señora, mis cerdos estaban enfermando y tuve que sacrificar a la mayoría para evitar males mayores. Solo me han quedado tres machos. Ahora mismo no dispongo de otros bienes para conseguir nuevas hembras. Le ruego que me ayude en estos momentos y se lo compensaré―. El hombre inclinó la cabeza al terminar de hablar esperando una respuesta de Reiko que le aliviara su desasosiego.
―No os preocupeis, ―empezó a decir Reiko― disponemos de algunas hembras a punto de parir. ―Dirigiendo la mirada a un par de sirvientes les dijo―. Acompañarle y darle un par de cerdas.
―Muchas gracias mi señora, mi familia y yo os lo agradecemos enormemente. ―El campesino se fue alejando con una sonrisa e inclinando la cabeza una y otra vez.
―Agradecerme cuando volváis a tener vuestra piara. ―Acto seguido Reiko miró a su tío Katsuro que se sentaba a su derecha. Éste inclinó la cabeza a modo de aprobación.
La parte del shoin donde se encontraban Reiko, Katsuro y Nanami era amplia. Los shōji que dividían las distintas estancias habían sido sustituidos para mostrar el emblema del clan Satomi sobre un fondo de nubes. La pared frontal estaba abierta y se veía el jardín exterior con un pequeño estanque en el centro. Un par de sirvientes esperaban sentados cerca de una de las paredes a cualquier petición de Reiko.
En la siguiente habitación esperaba la próxima visita. Se trataba de Kotobuki Seibei, hijo de Kotobuki Takanori. El clan Kotobuki era una clan menor, vasallos de los Satomi. Se habían instalado al norte de Kanagawa a petición de Yasushi y se encargaban tanto de la protección de las minas de cobre como de su explotación. Últimamente las cosas no estaban yendo muy bien por esas zonas.
―Ahora mismo le recibirá ―le indicó un sirviente a Seibei. Éste estaba nervioso, aunque conocía a Reiko de la infancia, era la primera vez que tendría audiencia con ella como daimyo suyo. El sirviente empujó la puerta corredera mostrando la sala principal. Seibei se levantó y se encaminó hacia allí. Haciendo una reverencia con todo el respeto se sentó en el centro de la habitación frente a Reiko. Seibei se fijó en la compañía de Reiko, ver a Nanami ahí le aportó confianza. Tenía unos pocos años más que ella, de pequeños jugaron juntos en la Ciudad Imperial. Ahora ya era un chico algo y de espaldas anchas, había superado en corpulencia a su padre. Él le sonrió, ella disimuló una sonrisa mientras se ruborizaba levemente.
―Mi señora, es un honor poder pedir su ayuda y consejo, ―volvió a inclinar la cabeza hacia Reiko.
―Vuestra familia nos ha servido mucho años con dedicación, el honor es mutuo ―contestó Reiko con seguridad.
―Mi señora conocerá los rumores que acechan por el norte.
―Sí. Si estáis aquí me temo que serán más que rumores. ¿Me equivoco? ―se adelantó en decir.
―Por desgracia estáis en lo cierto. ―En el rostro de Seibei se dibujó una cierta tristeza―. Cada vez son más frecuentes y numerosas las incursiones que llegan desde las montañas. Vienen a caballo, con brutalidad y rapidez. No les podemos hacer frente con facilidad, puesto que no atacan dos veces seguidas en el mismo lugar. El frío y las nevadas tampoco ayudan. ―Se notaba cierta sensación de culpa en su voz―. Nuestras guarniciones están limitadas y no damos abasto. Nos faltan hombres y desgraciadamente cada vez somos menos. ―Hizo una pausa a la espera de algún comentario sobre su relato. No hubo contestación, así que prosiguió―. Hemos sido incapaces de capturar a ninguno de estos extranjeros que vienen del norte. Recogen a los que conseguimos abatir y se los llevan de vuelta por donde vinieron ―terminó diciendo Seibei.
―Noto impotencia en vuestras palabras. ―por fin se decidió a decir Reiko―. No podemos dejar pasar estos ataques con impunidad mi querido Seibei. ―Reiko se volvió a dirigir a su tío, pero esta vez para hablarle―. Tío, ¿dispones de alguna guarnición de la que podamos prescindir y mandar en apoyo al clan Kotobuki?
Katsuro sabía con certeza cuantas guarniciones contaban y dónde estaban. De qué generales disponían en todo momento y dónde ubicarlos mejor. Esos eran rasgos que tenía en común con su hermano. Aún así, en el campo de batalla, Yasushi siempre fue mejor general.
―Ahora mismo podemos mover las tropas apostadas en la frontera sur con…―El correr abrupta de la puerta interrumpió a Katsuro.
Un hombre con ropas reconocibles del Palacio Imperial entró sin que los sirvientes lo pudieran impedir. Todos los presentes le miraron con sorpresa. Reiko le dedicó una mirada de indignación.
―¿A qué se debe esta intromisión? Estamos tratando asuntos importantes, hay vidas en juego. ―Reiko hizo notar su enfado hacia el nuevo llegado.
―Perdonar mi señora, pero este asunto tiene mayor importancia ―contestó el emisario con una reverencia―. Os traigo un edicto imperial. ―Reiko apretó los dientes al escuchar esas palabras. Desde que llegaron al castillo de Koichi en Kanagawa y se reforzó el camino hasta el mar, la Corte Imperial no les había prestado más apoyo. Ahora llegaban con más exigencias. El diplomático desenrolló el pergamino y leyó―. “Todos los clanes Kuge están llamados a ofrecer parte de sus recursos militares. La producción de arroz se ha visto interrumpida. Por esta razón, se necesita reforzar las tropas imperiales para una campaña en las tierra fértiles del oeste. En un periodo de diez días debe enviarse un destacamento al kuni de Îdo que se pondrá bajo las órdenes del Taisho que ahí se encuentre.” ―Volvió a enrollar el pergamino que acababa de leer y se lo ofreció a Katsuro.
Katsuro echó un vistazo a lo que tenía entre manos y observó el nuevo sello del consejo regente. Dejó el escrito a un lado―. Hemos escuchado la petición de la corte. Enviaremos un destacamento al mando de uno de nuestros mejores generales. ―Un escalofrío recorrió la espalda de Nanami hasta ahora serena―. Comunicar que haremos llegar los detalles a la corte antes del plazo estipulado ―acabó por decir Katsuro.
El enviado hizo una reverencia y se fue por donde había llegado.
Antes que se cerrara la puerta por completo, Seibei se volvió a dirigir a Reiko―. Mi señora, el tema que estábamos tratando antes de…
―Lamento deciros esto, Seibei, ―dijo Katsuro antes que continuara― pero esos problemas del norte deberán esperar un poco más de lo debido. La corte nos requiere con prontitud y no tenemos tantas recursos para tantos frentes. Por ahora deberéis aguantar un poco más. No dudéis que lo solucionaremos. No podemos perder más hombres ni los recursos de las minas a manos de salvajes.
―Pero…―Seibei no pudo simplemente asentir.
―Por favor, marchaos ahora. ―La voz de Reiko sonó más profunda―. Mi tío ya os ha dicho que resistáis un poco más. No temáis que encontraremos una solución. Como os ha dicho, no podemos perder más hombres. Hacerlo sería una estupidez. Pero por ahora volver al norte, allí seréis de más ayuda a vuestro padre, el señor Takanori, defendiendo la frontera. ―La severidad en el tono de la voz de Reiko y la seguridad en su mirada hicieron que Seibei tuviera que tragar para poder respirar de nuevo.
―Sí, mi señora ―consiguió decir sin que se notara indignación en sus palabras. Hizo una reverencia. Al levantar de nuevo el rostro Seibei cruzó la mirada con Nanami, buscaba algo de complicidad en ella, pero ésta se la apartó. Ese gesto le dolió más que no conseguir la ayuda de la daimyo. Con algo de desgana se levantó y se marchó.

Uno de los sirvientes les indicó que no tenían más visitas esa mañana. Así que los tres se levantaron y se dirigieron hacia otra estancia más íntima donde poder tomar un té.
Mientras los tres caminaban por el engawa acompañados por el sonido del shishi―odoshi al golpear la piedra, Reiko aminoró el paso.
―Tío ¿porqué aceptaste sin dudar el edicto imperial? No podemos enviar tropas más allá de las fronteras sin perjudicarnos de manera importante. ―La seguridad que rn la sala de audiencias había mostrado Reiko se tornó duda. Prosiguió―. Y la frontera norte está siendo atacada por un enemigo que no conseguimos plantar cara.
Katsuro se detuvo y giró levemente el cuerpo para mirar a Reiko que había quedado rezagada.
―Hay que tener complacida primero a la corte. Da igual que sea el propio Emperador o un consejo de burócratas dirigidos por un cobarde que se esconde detrás de los muros de la ciudad. Llevarles la contrario nos supondría más pérdida que beneficio. Al final vuestro padre tenía razón. ―Una contestación tajante―. Por otra parte, creo que tenemos a la persona indicada para la función que nos requieren. ―Katsuro miró entonces a Nanami―. Vuestro padre últimamente tiene hambre de protagonismo. Parece que la protección de las aldeas costeras le viene pequeño.
―Mi padre es un hombre leal a la daimyo. Nunca puso en duda el puesto que se le encomendó ―contestó Nanami sin entender a qué venía tal crítica.
―¿Eso es lo que creéis? Según he oído, dice que luchar contra los wako es cosa de inberbes. Que sus habilidades están malgastadas en esa tarea.
―¿¡Cómo os atrevéis a hablar así de mi padre!? ―Nanami alzó la voz. El ambiente se caldeaba.
Reiko se acercó rápidamente hacia los dos.
―Tío, parar. No hay motivo para molestar a Nanami. ―Reiko dedicó una mirada de desagrado a su tío mientras sujetaba la mano de su amiga para calmarla―. Comprendo que Tanosuke se sienta menospreciado donde está, y lejos de su hija. Pero tenéis razón en que él puede ser la persona más acertada para estar bajo el mando de una milicia imperial. Y si hay batalla estará encantado de participar.
Nanami miró a Reiko con temor. Ésta le sostuvo la mirada y le agarró con firmeza de las dos manos.
―Nanami, tu padre es de las personas más capaces de desempeñar un papel como éste. Desde que murió mi padre, su más íntimo amigo, no ha sido capaz de volver a ser la persona que conocías. Pero creo que esta oportunidad puede ser buena para su espíritu guerrero. ―Dibujó una leve sonrisa en su rostro.
El temor y las dudas de Nanami se convirtieron de nuevo en alegría al escuchar las palabras de Reiko.
―Tienes razón, últimamente no he estado con él, pero antes que se fuera hacia la costa ya estaba algo desapegado. Creo que le será bueno una pequeña aventura.
―Pues decidido. Tío, dispón de todo lo necesario para avisar a Tanosuke de su nuevo destino. Proporciona los hombres necesarios para que la corte real no se sienta decepcionada. ¡Ah! Y permite que Nanami y su padre disfruten de la compañía del uno con el otro durante todo un día antes de su partida. Eso les animará a ambos.
Katsuro asintió con la cabeza. ―Como queráis, mi señora. ―Y de nuevo con una reverencia se alejó de las dos muchachas que se quedaron paradas frente a una puerta entreabierta.
Reiko se volvió hacia Nanami con una sonrisa tímida.
―¿Qué te parece si entramos y jugamos una partida a shogi?
Nanami únicamente respondió con una gran sonrisa y un asentimiento rápido de cabeza.

Tanosuke no tardó más de un día en regresar a Koichi y lo primero que hizo al llegar fue presentarse ante Reiko.
Lo acompañaron hasta una sala menor del palacio donde estaban reunidos alrededor de una mesa: Reiko, Katsuro, Masaki Eijiro, Himura Yasunobo y su propia hija Nanami. Ésta se alegró al ver de nuevo a su padre.
―Bienvenido Tanosuke ―saludó Reiko al recién llegado―. Veo que os habéis dejado bigote, ¿a qué es debido ese cambio? ―Aunque ya sospechaba el motivo, quiso escucharlo de los mismos labios de Tanosuke.
―Es mi forma de rendir duelo a vuestro padre ―respondió éste.
―Os agradezco el gesto ―asintió Reiko con la cabeza.
Tanosuke, desde la puerta, consiguió percibir como Katsuro recogía de la mesa lo que le pareció un mapa y se lo guardaba dentro del kimono. Supuso que sería de lo que estaban tratando antes de que él llegara. No le dió mayor importancia.
―Fue una sorpresa recibir una carta pidiendo que regresara para una nueva tarea. Los días en la parte norte de la provincia se me estaban haciendo muy largo lejos de mi hija. ―Tanosuke dedicó una sonrisa sincera a su hija que ésta le devolvió.
―Sí, no hemos dado cuenta que fue un error el apartaros de su lado. Lo mismo que el enviaros al norte, donde parece que vuestras habilidades estaban desaprovechadas ―le respondió la daimyo―. Pero nos llegó una carta desde la Corte Imperial pidiendo nuestra ayuda en un asunto en Îdo. Mi tío Katsuro cree, muy acertadamente en mi opinión, que ésta sería una tarea perfecta para alguien como tú, “tío”.
Tanosuke no pude evitar sentir un delicado tono de desdén en las palabras de Reiko, pero era su daimyo y la hija de su difunto amigo, debía tragarse su orgullo por respeto.
―¿Y de qué se trata, si puedo saber? ―mostró curiosidad y al mismo tiempo duda.
―Como he dicho, la Corte Imperial pide ayuda militar para una inspección en la provincia de Îdo ―repitió Reiko leyendo por encima el edicto que trajo el emisario―. Según dicen, los suministros de arroz de esa región han cesado y es necesario averiguar porqué. Nos piden apoyo militar y hemos pensado que seais nuestro enviado al cargo de las pocas tropas que podemos mandar en estos momentos. ―Reiko intentó discernir qué estaba pensando Tanosuke en esos momentos, la expresión de su rostro no decía nada―. También os acompañará Koyama Gihei como vuestro subalterno. Es un joven general en el que tenemos grandes esperanzas. ―terminó diciendo Reiko.
―Mmm, creo que nunca he oído hablar del clan Koyama. ―El nombre no le sonaba de ninguno de los clanes vasallos de los Satomi.
―No es de extrañar ―le indicó Reiko―. Es el segundo hijo del clan Koyama de la región de Kumogakure. Se quedará con nosotros un tiempo como símbolo de amistad entre los dos clanes. Así que esperamos lo trateis bien y le enseñeis todo lo que sabes. ―Reiko le dedicó una cordial sonrisa.
―Bien, si así lo desea mi señora, así lo haré.
―¡Oh! se me olvidaba comentaros otra cuestión. Mientras acabamos los preparativos para vuestra partida hacia Îdo, sería de mi agrado que pasarais las próximas horas con Nanami. Seguro que tenéis mucho que contaros. ―Reiko mostraba entusiasmo por reunir padre e hija de nuevo.
―Sí padre ―dijo por fin Nanami. Ésta se incorporó de un salto―. Vas a hacer un viaje largo y no hay tiempo que perder. Tengo mucho que mostrarte. ―Recuperó un poco la compostura y agachó la cabeza en dirección a Reiko―. Gracias por esta oportunidad de estar con mi padre, “hermana”. Si me disculpas…
―Por supuesto Nanami, cualquier cosa para que verte feliz. ―Reiko se volvió a dirigir a Tanosuke una vez más―. Disfrutar juntos este tiempo, los preparativos estarán listos en un día.
―Sí mi señora, gracias por esta nueva tarea que me encomendais, no os decepcionaré ―Tanosuke hizo un reverencia―. Y gracias de nuevo por este tiempo para estar con mi hija, lo aprovecharé al máximo.
Nanami cogió a su padre por el brazo y ambos se fueron hablando y riendo.
Reiko y Katsuro despidieron luego a las otras dos personas presentes en la mesa. Una vez se quedaron solos retomaron la conversación.
―¿Está todo listo? ―preguntó prudentemente Reiko a su tío.
―Sí, tiene bien claro― cuál es su verdadera tarea. No habrá ningún problema.

―Eso espero. No sería agradable que Nanami descubriera la realidad de lo que ocurrirá. ―Reiko miró a la puerta cerrada, recordando el rostro alegre de su amiga momentos antes.

Continuará...

Hasta aquí el relato. Aunque tengo en mente lo que quiero que ocurra y cómo ocurra, todo dependerá al final de cómo transcurra la batalla...

Nos vemos por las Freaks a quien se pase por allí. Un saludo a todos.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Trasfondo - Kensei: Clan Satomi (II)

Fin del Capítulo 1


Era por la mañana. Yasushi anduvo hasta el dojo familiar. Desde fuera reconoció los gritos de esfuerzo de su hija. Reiko entrenaba cada mañana junto a Nanami, Seibei; el hijo de Kotobuki Takanori, y Mieko; la propia nieta del sensei que dirigía el dojo. El mismo sensei que entrenó a Tanosuke, su hermano Katsuro y a él.
Intentó entrar sin hacer mucho ruido y no distraer a los alumnos. Vio a su hija enfrentarse a Mieko. Ambas blandían un shinai, la espada hecha de bambú que se utilizaba para los entrenamientos. La nieta del sensei era un poco mayor que Reiko y su postura de defensa era mucho mejor que la de su hija. Ésta última, al percatarse de la llegada de su padre perdió de vista por un momento a su adversario. Mieko, viendo la oportunidad, no dudó en atacar y en un rápido movimiento golpeó el hombro de Reiko. Ésta trastabilló por el impacto y cayó al suelo dándose con el trasero, mostrando una queja de dolor.
―¡Reiko, levántate! ―gritó el sensei.
El hombre que Yasushi conoció hace mucho tiempo había dejado de tener el pelo oscuro y ahora una melena de color ceniza le cubría la cabeza. Su nombre era Kondo Bairei. Aunque todo el mundo lo llamaba “Kuma”, por ser grande y peludo como un oso. Pero dentro del dojo todos se dirigían a él como Sensei.
Bairei corregía a voces, como no sabía hacer de otra manera, la pérdida de concentración de Reiko, que seguía lamentándose sentada desde el suelo. Yasushi no pudo reprimir una sonrisa y recordar que él también pasó por lo mismo.


―¡Yasushi, levántate! ―el grito sonó vigoroso, provenía de alguien de aspecto imponente igual que su voz. Vestía un kimono de color marrón pardo. Su rostro estaba cubierto por una espesa barba negra y en su cabeza se recogía en un moño una evidente melena del color del carbón. Todos le conocían como Kuma, por obvios motivos. Era el sensei del dojo.
Yasushi se rascaba la parte baja de la espalda por el golpe.
―¿Estás bien, amigo?  ―Tanosuke le extendió el brazo para ayudar a levantarse. ―Me he dejado llevar por el momento ―no lo pudo negar.
―Sinceramente, aunque te contuvieras, el resultado sería igual de favorable para ti la mayoría de las veces ―reconoció Yasushi.
―¡Dejar de ser unos remilgados! ¡En una batalla de verdad el contrario no os pedirá perdón si os atraviesa el vientre! ―El Sensei permanecía al fondo de dojo con los brazos cruzados sobre el pecho y una verdadera cara de enfado en el rostro.
―¡Sí, Sensei! ―se apresuraron a decir los dos alumnos al unísono mientras hacían una reverencia a su maestro.
Desde una esquina del dojo permanecía una chica a la que la situación le parecía graciosa. Disimulaba una sonrisa tapándose ligeramente la boca con la mano, pues sabía cómo se las gastaba el Sensei si la pillaba. Se llamaba Otome.
A Yasushi no se le pasó por alto el descaro de ella. Incluso con la cabeza agachada la vio sonreír por el rabillo del ojo. Aunque sus padres ya lo habían prometido con la hija del clan Masaki, no pudo evitar que la inocencia en la sonrisa de Otome le produjera un cosquilleo en el estómago.
Otome se dio cuenta que Yasushi le observaba y rápidamente recuperó la compostura. Intentó enderezarse más de lo debido, a eso se le sumó el rubor cada vez más evidente en su rostro. Otome empezó a toser por la tensión. La nueva situación hizo que a Yasushi se le escapara una leve carcajada que provocó que Otome también riera entre toses. Pero todo fue observado por otros ojos, unos que destilaban incredulidad y severidad a partes iguales.
―¡Yasushi, Otome! Veo que todo esto os hace mucha gracia. ―El enfado del Sensei era muy evidente. La indisciplina era lo último que quería ver en sus clases y no dejaba pasar ninguna―. Bien, creo que ya tenemos los dos únicos voluntarios para limpiar el dojo cuando terminemos. Y una vez acabéis aquí ―dijo con el brazo extendido y haciendo un círculo con el dedo índice apuntando al tatami―, limpiareis de hojas el patio exterior y la zona de tiro ―señaló al exterior―. Y más os vale haber rezado suficiente a los Kami y que no caigan mas hojas después, porque pasaré a revisar el trabajo realizado ―acabó diciendo mientras apuntaba con el dedo hacia arriba.
Los dos volvieron a cruzar sus miradas, pero ahora para echarse la culpa el uno al otro.
―¿Lo habéis entendido? Porque no os he escuchado. ―La sombra en el rostro del Sensei iba aumentando con cada agravio en su dojo.
―¡Sí Sensei! ―contestó con voz segura Yasushi.
―¡Sí p...! ―Se dio cuenta a mitad de palabra, Otome quiso que la tierra la engullera ahí mismo.
―¿¡Cómo dijiste!? ―El rostro de Kamu estaba rojo de furia, parecía que en cualquier momento iba a estallar como un volcán.
―¡Per… perdón! ―consiguió decir entre titubeos mientras pedía disculpas con la cabeza―. ¡Sí Sen… Sensei, sí, perdón! ―Apretó los labios esperando el siguiente grito.
Viendo a Otome en esas aún más terroríficas circunstancias, Yasushi volvió a sentir el mismo cosquilleo de antes.


La arengas del Sensei alejaron los recuerdos de la mente de Yasushi.
Reiko ya se había repuesto y colocado de nuevo en posición. Su rostro volvía a mostrar serenidad, una de las principales lecciones de Kamu a sus alumnos. Hizo un amago de dar un paso hacia delante y Mieko reaccionó dando un paso atrás. Reiko fue ahora quien aprovechó el titubeo de su adversario y avanzó con la intención de golpear en el pecho. Su contrario fue más rápida de reflejos y pudo detener la estocada. Se sucedieron una serie de golpes. Parecía que Reiko tomaba la iniciativa y hacía retroceder a su contrincante. Pero poco duró y ahora era ella quien retrocedía mientras se defendía de los ataques de Mieko. Un intercambio rápido de paradas y defensas por ambas luchadoras. Se movía hacia delante una y hacia atrás la otra, cambiando los papeles una y otra vez. En el dojo todos aguantaban el aliento, sólo se escuchaba el entrechocar de las maderas y los pasos sobre el tatami. Cualquier otro ruido estaba ahogado por la expectación de la lucha.
Una chispa brilló en los ojos de Reiko. Un par de golpes con el shinai en el momento justo debilitaron la defensa de su contrario. Lo lograba, iba a ganar el combate frente a su padre. Pero volvió a subestimar la rapidez de Mieko. Ésta esquivó el ataque que le llegaba desde arriba, momento en el que aprovechó para balancearse a un lado y golpear el costado de Reiko, que soltó un quejido más de indignación que de dolor.
Ambas volvieron a su posición inicial y se saludaron, dando por finalizado el combate. Mieko advirtió rostro tenso de Reiko.
―Reiko, no debes creerte más lista que el adversario ―le explicó el maestro acercándose a ellas―. Piensas que vas dos pasos por delante pero es tu contrario quien va tres por delante tuyo. Todo es cuestión de serenidad y concentración. ¡Serenidad y concentración! ―Esas palabras sonaron extrañas saliendo de alguien tan grande como Kuma. Cualquiera que no lo conociera pensaría que su punto fuerte es la fuerza bruta, pero en duelo singular nunca hacía uso de ella. Sabía cuándo y dónde atacar son solo mirar a los ojos a su contrario.
Tras esta charla con Reiko, el sensei dio por concluida la clase de hoy.
Los alumnos se colocaron ordenados frente al Sensei y todos saludaron al unísono, después empezaron a retirarse.
Yasushi aprovechó para ir al encuentro de su hija. Entretanto se acercaba, observó como Mieko se aproximaba a su abuelo para hablar con él mientras éste ponía su enorme mano, pero con delicadeza, sobre el hombro de ella. Yasushi no consiguió saber de qué hablaban, pero vio como Kuma asentía con la cabeza. También reconoció a Seibei, primogénito del clan Kotobuki. Éste hizo ademán de dirigirse a Nanami, pero ella no lo vio, o quizás lo ignorara, porque se fue a reunir inmediatamente con Reiko, que permanecía quieta en el centro del dojo, con aparente rabia en su rostro.
Tras unos pocos paso Yasushi llegó donde su hija.
―Hola cariño, siento que no hayas ganado el combate, lo hiciste bien, pero de las derrotas y los consejos del Sensei se puede aprender mucho. ―tuvo a bien decir Yasushi para animarla―. Yo a tu edad solía perder frente a tu “tío” Tanosuke. A él siempre se le ha dado mejor el combate, pero es tosco recibiendo órdenes. ―Hizo un guiño dirigido a Nanami, que estaba junto a Reiko, a modo de complicidad.
―Sí. Mi padre, aunque lo intenta, no es nada bueno acatando órdenes, ni las de mi propia madre ―contestó con modestas risas.
Reiko seguía sin reaccionar. Insistía en no levantar la cabeza.
―Dejando eso de lado ―empezó a decir de nuevo Yasushi―, ambas sabréis de la situación actual y de los cambios que se avecinan ―en ese momento hablaba a ambas muchachas―. De eso mismo vine a hablar contigo, Reiko. Quería decirte…
―No me hables ahora mismo, padre ―dijo de repente Reiko enojada, levantando la vista hacia su padre―. Esto es culpa tuya. No entrenas conmigo como lo hace Nanami con su padre, o Seibei con el suyo, incluso Mieko entrena después de las clases con su abuelo. ―El tono de Reiko iba aumentando conforme hablaba―. Todos entrenan menos yo. ¡Tú solo dedicas tiempo a toda esa burocracia que es más importante que madre y yo! ―Reiko hablaba con tal rabia que Nanami retrocedió sin darse cuenta.
―¡Reiko, eso no es verdad! ―contestó rápidamente Yasushi con un temblor en la voz―. ¡Sabes que sois lo más importante para mi en esta vida! ―Yasushi se acercó más con intención que abrazarla, pero Reiko lo apartó de un manotazo.
―¡Eres un mentiroso, déjame! ―gritó, y se fue corriendo.
―Perdonarla, en verdad no piensa todo eso ―quiso Nanami disculpar a su amiga por lo sucedido. Después salió corriendo tras Reiko.
―Lo sé, lo sé… ―suspiró abatido Yasushi.
La poca gente que quedaba en el dojo fue testigo de la bochornosa escena. Kuma miraba a Yasushi desde el fondo, junto a su nieta Mieko.
Yasushi se rehizo del agrio momento y se dirigió hacia Kuma. El sensei lo esperaba con rostro serio pero afable.
―Hola Sensei ―le saludó primero como acto de cortesía―. ¿Cómo estás Mieko? ―le dedicó una sincera sonrisa a ella―. Has estado muy bien en la pelea. Parece que pronto alcanzarás a tu abuelo.
―Gracias, pero no creo que llegue nunca a tal nivel.
―¿Cómo está tu madre? Hace tiempo que no la visito.
―Tiene días buenos y malos. Desde que le diagnosticaron la enfermedad apenas sale de casa. Si me perdonáis, tengo tareas que hacer. ―Agachó la cabeza a modo de disculpa.
―Dale recuerdos a tu madre Otome ―se apresuró a decir Yasushi antes de que Mieko se alejara por la puerta.
―Lo haré ―acabó asegurando ella mientras se alejaba.
―Bien Yasushi ¿qué te trae por el viejo dojo en presencia de tu viejo maestro? No creo que fuera por ver a tu hija luchar ―carraspeó Kuma.
―Es verdad que no he seguido mucho su entrenamiento. Los tratados y contratos mercantiles no son tema de un día y consumen la mayoría de mi tiempo, pero lo de antes…
―Deja eso para otras personas, es con tu familia con quien debes tratar esos temas ―le interrumpió Kuma―. Dime claramente a qué has venido.
―Tenéis razón Sensei. Ya sabéis de las revueltas y conflictos que asolan Hymukai en estos momentos de incertidumbre. La corte ha decidido que clanes kuge y buke al completo vayan a ocupar esas zonas y las refuercen para evitar males mayores. A Tanosuke, Katsuro y a mi, junto a varios taisho más, nos han mandado asegurar el paso por las provincias de Naname, Samui y Kanagawa hasta el mar. Empezaremos un contingente grande, pero se irá reduciendo conforme ocupemos esas regiones. Quería que nos acompañaras en esta campaña. Alguien como tú nos sería de gran ayuda ―terminó de decir Yasushi intentando adivinar los pensamientos de Kuma.
El maestro se cruzó de brazos.
―Sabes que no puedo ―negando con la cabeza―. Conoces la dolencia de mi hija. No se puede mover con facilidad por sí misma y no me pienso dejarla sola.
―Podría venir también ella. Prepararemos una carromato especial para llevarla. ―A Yasushi le parecía una gran solución.
―Aquí tenemos los médicos que mejor la pueden tratar y aliviar sus dolores. No nos moveremos. ―Las palabras de Kuma sonaban a un “no” rotundo―. Pero... Mieko quiere salir de los confines de muralla y ver mundo. Su madre aceptará que vaya con vosotros si la cuidáis como es debido.
Yasushi dudó un instante si ésa era una buena decisión.
―De acuerdo ―acabó aceptando―. Mieko vendrá con nosotros. De hecho quisiera que Reiko y ella se conocieran más. Ésta puede ser una buena oportunidad.
Tras esto, antiguo maestro y alumno se despidieron con afecto.
―Que los Kami os acompañen en vuestra travesía.
―Eso espero, Sensei. Pero por si acaso… reza por nosotros ―acabó  diciendo Yasushi mientras abandonaba el dojo.


Y hasta aquí el primer capítulo del trasfondo de mi Clan Satomi de Kensei. Espero que os guste, se agradecen comentarios y sugerencias. Ayer empecé el segundo capítulo, espero no estancarme.

Un saludo a todos.

martes, 4 de septiembre de 2018

Trasfondo - Kensei: Clan Satomi

Inicio

Muy buenas.

Hoy os traigo algo nada habitual por el blog. Se trata de trasfondo escrito por mi para acompañar el clan kuge que estoy pintando y con el que jugaré habitualmente, siempre que se de la ocasión.

Decir que este trasfondo es una nueva interpretación del que ya escribí hace tiempo para un concurso de relatos de Kensei, pero con otro estilo diferente. Espero que tenga continuidad, por lo menos enlazar con lo que ya tengo escrito para la batalla grande que se dará en las Freaks Wars dentro de 2 semanas.

Ahora os dejo con el relato.


Destino incierto


La noticia corría como una chispa por la pólvora. El Emperador había desaparecido. ¿Cómo podía ser eso posible? Iba con una guarnición entera hacia su retiro anual. ¿¡Cómo ha podido suceder!?
Lo días siguientes al inesperado acontecimiento fueron los más caóticos que recuerda Yasushi. Satomi Yasushi, de la casta de los Kuge, siempre supo cómo encarar los problemas, hasta ahora. Ninguno de los distintos clanes Kuge ni Buke que se encontraban en la Capital Imperial supo reaccionar. Algunos decidieron dejar la capital y dirigirse hacia sus tierras, otros permanecieron a la espera de nuevas noticias.

“¡Yasushi, deprisa, están llamando a todos los clanes!” le instó Yamashiro Tanosuke desde el linde de la puerta. La voz de Tanosuke parecía agitada.
Yasushi, sorprendido, levantó la mirada de los pergaminos en los que estaba trabajando, todo burocracia mercantil. Miró a su amigo Tanosuke a los ojos y percibió la urgencia en ellos. Sin pronunciar palabra dejó el pincel en el tintero, se levantó, se colocó bien el haori y siguió a Tanosuke hacia el palacio.
En uno de los patios de entrenamiento de los cuarteles cercanos al palacio se empezó a concentrar gente. Ahí estaban los Natsuka , Akizuki y Chiba de los Kuge; Mizuno, Yui, Nagao y Sagara de los Buke. Eran algunos de los clanes que se habían reunido allí. Yasushi y Tanosuke pronto se unieron a ellos. Entre los presentes estaba Masaki Eijiro, el hermano de su esposa.
Yasushi agarró fuertemente a Eijiro por el hombro.  Acercándose a su oído le preguntó con un suspiro “¿Qué es lo que está ocurriendo?” Intentaba que sus palabras no transmitieran la inquietud que sentía en esos momentos.
Eijiro ladeó un poco la cabeza pero sin dejar de prestar atención al frente. “Parece que están llegando varios emisarios desde distintas regiones de todo Hymukai. Hablan de revueltas y ataques a guarniciones.”
“Cultos Sohei se están levantando en armas en algunos templos.” La voz áspera pertenecía a Katsuro, el hermano de Yasushi, que se unió al grupo.
Ninguno de los cuatro intercambió ninguna palabra más y dedicaron todos los sentidos a quien estaba dirigiéndose a los congregados.
Quien hablaba vestía un kataginu de grandes hombreras donde se mostraba el emblema de la familia imperial. En sus manos sostenía varios pergaminos, Yasushi supuso que serían los informes traídos por los distintos mensajeros.
“Nos han llegado informes de que los wako han dejado de centrarse solamente en el mar y la costa y empiezan a avanzar cada vez más tierra adentro.” Yasushi pudo observar como le temblaban las manos mientras desenrollaba los distintos pergaminos. Esto no pinta bien, pensó. “Varios cultos sohei proclaman que se acerca la noche eterna e instan a las aldeas cercanas a unirse a ellos. Los campos de cultivo quedan abandonados perdiendo así cosechas enteras.” El representante de la corte desenrolló un pergamino más. “Grupos cada vez más numerosos de forajidos y bandidos acechan a las caravanas de comerciantes en sus rutas.” Guardó el resto de pergaminos en el cinturón. “Las guarniciones locales no dan abasto en solucionar estos problemas. El consejo ha decidido movilizar y asegurar todas las regiones de interés” Se escucharon algunos murmullos entre las personas que se encontraban allí. Algunos de asentimiento, otros de indignación.
“Ja, lo sabía,” dijo con interés Tanosuke. Agarrando el cuello de Yasushi con el brazo y dándole unas palmadas en el pecho, “llegó la hora de demostrar lo que valemos en el campo de batalla, amigo.” Acabó diciendo con una carcajada.
“Eso parece, viejo amigo,” intentó sonreír Yasushi. “Seguramente irán llamando a cada clan para darles órdenes determinadas. Nos vemos más tarde, Tanosuke.”
La gente empezó a abandonar el lugar. Yasushi hizo lo propio, dejando a Tanosuke con Eijiro, quien parece que estaba sufriendo el entusiasmo del primero. Katsuro siguió a su hermano.
“Parece que Tanosuke no ve las cosas como tú, hermano.” Las palabras directas de Katsuro no pillaron por sorpresa a Yasushi. “Esta es una oportunidad para conseguir poder dentro de los Kuge, pero sé que tú no lo ves así.”
“No necesitamos poder, hermano. Lo que necesitamos es estabilidad. Cosa que perdimos con la desaparición del Emperador.” Fue la respuesta de Yasushi a las turbias insinuaciones de su hermano. “Es muy posible que nos obliguen a mover a todo el clan y nuestros aliados lejos de aquí. A lugares que ahora mismo puede que no sean lo más seguro para mi familia.” Dijo con desesperación en su voz. “Sé que tenemos la fuerza para poder recuperar y defender esas zonas, ¿pero por cuánto tiempo? Dudo que movilizar a los distintos clanes de golpe sea lo más prudente para la Ciudad Imperial. Hay algo que no me encaja en todo esto.”
Siguieron andando juntos por las calles de la ciudad. Pasaron junto a un grupo de niños que jugaban lanzando sus menko contra los que había en el suelo. Se divertían desconocedores de las malas noticias que acababan de ser escuchadas. De algún modo eso reconfortó a Yasushi.
Pronto llegaron a la residencia del clan Satomi.
“Hermano, tengo que atender unos asuntos,” fue rápido en decir Katsuro antes que Yasushi empezara a empujar el portón de la entrada.
“De acuerdo, nos veremos en la cena.” Los dos se despidieron agarrándose por el antebrazo. Yasushi vio como su hermano se alejaba mientras él cruzaba la puerta principal.
A lo lejos, en la sala que daba al jardín, vió a sus dos seres más queridos, su esposa Riruko y a su joven hija, Reiko. Con ellas se encontraba Nanami, la hija de su amigo Tanosuke.
Reiko y Nanami eran como uña y carne. Desde que nació Reiko, Nanami era casi su sombra. Han crecido juntas desde pequeñas. Convirtiéndose en más que amigas, como hermanas. Hace ya tres años que Nanami celebró su ceremonia de genpuku, este mismo año le tocaba a su propia hija, siempre que las circunstancias lo permitieran. La idea de que su hija crecía muy deprisa era un tormento para Yasushi.
Nanami estaba cepillando el pelo a Reiko, y Reiko a su madre. Se las veía hablar y reír, como los niños de antes, desconocían las malas nuevas. Ensimismadas con sus quehaceres y sus bromas, no se percataron de la llegada de Yasushiro. Una de las sirvientas que las acompañaba le hizo una reverencia de bienvenida mientras pasaba a su lado. “Buenos días, mi señor.”
El saludo de la sirvienta pilló por sorpresa a Riruko. “Oh, querido, no te hemos oído venir,” aseguró Riruko.
“Hola padre,” se alegró Reiko. Se levantó para darle un abrazo.
“Hola cariño, veo que no perdéis el tiempo.” No dudó en devolver el abrazo el doble de fuerte.
“Sí, después de entrenar en el dojo nos hemos dado un baño. Después quise cepillarse el pelo pero lo tenía muy enredado, así que Nanami decidió echarme una mano.”
“Muchas gracias Nanami,” dijo Yasushi. “Reiko ha heredado la belleza de su madre, pero la cabellera indómita de su padre, me temo.” Y en un arrebato de travesura removió los pelos de la cabeza de Reiko con la mano, volviéndola a despeinar.
“¡No, padre! Todo el trabajo con el cepillo arruinado. Ahora tendré que sufrir de nuevo los tirones de Nanami.” Reaccionó con mala cara la joven.
Entre los refunfuños de su hijas, las quejas de Nanami por las malas críticas y las risas de Riruko por la situación, el corazón de Yasushi volvió a respirar aliviado, por un breve tiempo.


Y hasta aquí el relato por ahora. Espero que os guste. Y no dudéis en dar vuestra opinión. No suelo escribir y cualquier comentario será de gran ayuda.


Un saludo a todos.